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Lisboa de noche |
"Una luminosidad corta la oscuridad profunda de mi ciudad y dibuja un
sable color fuego en la inmensidad del cielo. Desde mi ventana lo veo y lo
busco plasmar en la superficie áspera del papel. La mecha de la vela sigue
ardiendo a mi lado, su luz se refleja en el vacío de la habitación. Allá bajo,
la ciudad se pierde en un entramado de calles y callejuelas por las cuales camino
desde aquel bendito día que mi padre postizo, Fray Luis de Ataíde, me llevó de
la mano y me señaló con gusto religioso la serie de iglesias y capillas que,
desde siempre, han brotado en el suelo accidentado de Lisboa como hongos que se
acogen a la humedad de una roca. La verdad es que la llegada de un astro color
fuego, que por la noche rompía la negritud del cielo lisbonense, estimulaba aún
más la prédica de catástrofes inevitables que, según los profetas de la
desgracia, estarían prestos a caer al suelo, tal cual brutal hecatombe."
"A su izquierda se halla, en construcción, el imponente Palacio de la Ribeira; en sus adyacencias la famosa y
rica Casa da Índia, donde el rey Don
Manuel celosamente manda acaparar las fabulosas riquezas de su vasto imperio;
delante de él, la Puerta de la Ribeira
con sus hermosos dos arcos que (...) conducen hacia la renombrada Plaza del Pelourinho Velho en la cual varios
escribanos producen billeticos de amor que los galantes caballeros de Lisboa
ofrecerán a hermosas damas."
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La catedral de Lisboa |
"Finalmente la rigurosidad del
invierno y las últimas lluvias tibias de la primera se fueron alejando de
Lisboa como la música melancólica de una guitarra árabe que se va callando de a
poquito. El verano se adivinaba áureo. Las flores desabrochaban por cada rincón
de la ciudad y llenaban de color los jardines de las casas aristocráticas. Lo
mismo sucedía con el verdor de los árboles cuyas copas se cargaban de frutas
deliciosas y servían de alimento a los mendigos más desdichados de aquella urbe
embriagada."
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El bello Río Tajo |
"Lopo, poco a poco, fue percibiendo que la claridad del sol pintaba de
anaranjado las aguas tranquilas del Tajo y el alba que ya se configuraba en la
negrura del cielo hacía que las tinieblas poco a poco cediesen para darle paso
a la luz mañanera. Ahora la soledad era irremediablemente quebrada por el
cantar de los gallos que resonaban por todo el espacio."
"Aquel
principio de otoño, las hojas de los árboles empezaban a tapizar los senderos
de la ciudad y la iban revistiendo de amarillo y marrón. El frescor del invierno empezaba de
igual forma a asomarse por entre el olor de las castañas que los campesinos
vendían en las calles de Lisboa."
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Vista de Alfama |
"En Alfama, vivían, como aún siguen viviendo, legiones de zapateros,
carpinteros, albañiles, tejedores, lavanderas, marineros y los soldados más
humildes que servían de carne de cañón a las numerosas conquistas del reino.